Angustias de un pensamiento aciago


Mustia, la noche se extiende como un manto de mano frías. Pasos sigilosos te alejan de nuevo... otra vez, cada vez más lejos del sueño que plantaste en tu patio trasero.

¿Qué es malo el camino? ¿Qué no está bien presentirse en ruinas? ¿Qué la vida arremete con furia de mar retenido? ¿Qué no sabes qué puerta da a la salida?

Mustias, las estrellas se mantienen firmes en su lejanía, con su mirada de viajero cansado. No basta el silencio, no basta el llanto bajo las sábanas... no te contiene tu piel... te amarra, te sujeta, te asfixia.

Otra puerta equivocada. Otro camino tocando su fin.

Años que se van al girar de la llave, cambios de cielos.. colores que se esfuman...

Un desierto de voces que te aterran. Enfrentar. El infortunio de no tener otra opción...

Mustia, la vida se escapa entre carcajadas dolidas, agitando brazo contra cielo, maldiciendo los pasos, los caminos de puertas cerradas. Juntas las piezas y no calzan los rostros.

¿Quién es esa sombra en el espejo? ¿De quién es aquella mueca entre manos rotas? ¿Quién murió tras la cortina de humo?

Tiempo... tiempo que se pega en los dedos, que se arrincona en tu cama, que es parásito de tu sonrisa?

Nos dejamos la ira dormida alguna vez, y fuimos esto que ahora maldecimos a falta de otra alternativa. Nos dejamos la vida apagada en un altar y nos devoramos las ganas de saltar por la ventana.

Mustia, mi alma se desprende de mi aliento tan sólo para dejarme el sabor de un nuevo fracaso atrapado entre los párpados. Si se apurara la mañana en desvestir esta tristeza que ahora me ciega de ganas...

Si viniera el viento y me trajera de nuevo todo aquello que se llevó...

Incoherencias de la coherencia...

Entre tiernos pastos de primaveras y nubes de colores suaves, el invierno largo me encontró congelando mi alma, dejando sin luz mi vista ligera de un perdido sueño transformado en llamas.

Al atardecer los diversos colores en degradé recorren el paisaje vagabundo, una esfera ardiente se entierra en el horizonte desbocando al mundo. Su inocente expresión desvela mi ser.

¿Alguien puede entender lo que significa el arco iris sin tropezar con sus leyendas, porqué el comenzar a fumar? Cuestionamientos con respuestas que no responden, maravillas y maldades de este mundo y vos... tan solo otro cuestionamiento que no posee explicación en su respuesta, es solo un porque sí.

¿Porqué el pensar que lo que uno encuentra es equivocado? Una rama que de un árbol muerto, su sonrisa falleció en lágrimas de savia, un abrazo de madera, duro sin sentimiento. No era lo que yo creía que era, me equivoqué, no puedo encontrar lo que quiero. Una rosa tiene espinas, un camino posee piedras.

Entre mi cigarrillo y la cerveza la vista se nubla de fotografías viejas, el humo se vuelve ambiente y el corazón una confusión. Lo amargo endulza la vida y la sal da un toque de pimienta, el círculo vicioso de esta ruleta llamada destino. Mentiras que son verdad, verdad que no existe, mariposa de vida corta, disfruta la flor.

Entre el cielo y la tierra, una luna de puente, ¿por qué uno busca lo que jamás encuentra? Por vos voy a tomar este trago que está llegando a su final, brindando por mi deseo y tu olvido, prometiendo no volver a prometer, escondiendo mi amor que muere de soledad. Los pensamientos me los olvidé en la esquina, lo que quería decirte quedó en aquel insomnio y el tiempo no se detuvo, el veneno de tu sonrisa aún viaja en mis venas.

Inocente pimpollo que desea ser rosa, quiere poseer la sabiduría del viejo y cansado viento y todavía sus pétalos no conocen al sol, no posee huellas.

El poema durmió a la sombra de su cuerpo, en el pasto tierno que hoy está congelado y seco, una canción perdida sin tiempo recorre con melodías sutiles sus manos, frágil, desprotegida en un bosque de dudas reprimidas por un miedo incomprendido lleno de ceniceros descartables.

En el filo de una esperanza con un jarrón de cristal logro observar el brillo de tus hermosos ojos color esmeralda y me percato que los ojos no son los lindos, el encanto lo tiene la mirada. Es como los cuentos, el encanto está en como se cuenta la historia.

Entre copos de nieve y flores marchitas los recuerdos se vuelven notas mentirosas, la arrogancia de los años resignan las raíces del sauce que llora y gritarás al silencio inútilmente tratando de juntar los pedazos que en el camino cayeron. Con papeles escritos de escondida puñalada que en un ayer fue lanzada, desbaratados fragmentos sin orden, hojas desordenadas disimulando la angustia de una gentil y opaca despedida que hace sufrir los nervios de un barco naufragando en un mar de sangre.
El abrazo reconfortante de un nuevo amanecer, mañana todo estará bien, otros son pesimistas, mañana será igual que ayer. Las estrellas en el día no las ves, el sol en la noche duerme bajo el níspero del patio eterno. ¿Algún día podrás comprender que lo que es rojo realmente no lo es, te has planteado que un ciego deslumbrado en su oscuridad, carece del sentido de los colores?

Entre preguntas sin respuestas y el péndulo del destino, se desliza desde el firmamento un vago polvo amatista cubierto de indefinidas líneas rubias que brillan con la luna, junto a ellos se encuentran las sombras, esas imágenes que imitan con pantomimas que solo son las luces que no vemos. Y entre los dedos cubiertos de alquitrán y nicotina se te esfuma la vida como humo, el polvo no te toca, te extiendes y no llegas, te angustias, estas triste, pero no te aflijas, llegará tu turno, tan solo era de otro.

Descubrir

Descubrí en un instante que es cierto que las nubes van cambiando, van creciendo, van muriendo, se están moviendo y se van transformando. Cambian.

Descubrí también que yo voy cambiando al mismo tiempo. Que la vida va cambiando a cada milésima de segundo de ese tiempo inventado por los hombres. Tiempo es más que una simple palabra traducida en letras que dan ese sonido y ese eco, que nos hace pensar en momentos, segundos, minutos, instantes, horas... Tiempo.

La vida, me di cuenta, está regida por tiempo. Por ese mismo tiempo que no existe más que para darnos cuenta que lo estamos perdiendo, esperando... y entender al fin, que ya pasó.

No andaba con ganas de verte. Cosas del tiempo. No era el tiempo en el cual quería saberte. Sin embargo el tiempo decidió por mí y te puso enfrente. Yo no quería tus ojos. No quería tu voz. Pero el tiempo tenía otros planes para mi. Y descubrí que el tiempo, sin las mismas letras, podía definirse como destino. El destino no es para mí, me dije. Ese tiempo ya manejado y manipulado por los intereses ya concretos de algo que todavía no pasa pero que debería pasar no es la solución a mi vida, puesto que si existiera el destino entonces estaría tirado esperando que las cosas pasaran y no descubriría nada, sino que acompañaría al destino sin sorpresas ni emociones. No existe relación entre el tiempo y el destino. Dos cosas, dos palabras y su significado, creado por el hombre.

Descubrí que no hay nada peor, que las ilusiones. Las ilusiones vendrían siendo esas pesadillas que nos despiertan siempre empapados en sudor frío. La ilusión, otra palabra creada por el hombre, como todo lo que existe, como cada letra que forma cada oración que dicta esta mente sin consuelo ni descanso.Y me muero por saber el porqué de cada letra, de cada nombre, de cada palabra.

¿Qué relación tienen, tiempo, destino, ilusión, suerte?

Cuál es el tiempo del destino, cuál es la ilusión de la suerte, cuál es la suerte del destino y cuál es la ilusión del tiempo.

No tenía ganas de conocerte. El destino decidió lo contrario. Y lo que es peor, las ilusiones se apoderaron de ese capricho del destino y todo se volvió una pesadilla. ¿Cómo distingo la suerte? Qué puedo hacer si no coincide ni el tiempo ni el destino ni la suerte ni la ilusión... No tenía ganas de conocerte. El destino decidió lo contario. El tiempo se impuso arrebatando mi razonamiento. La ilusión colmó de falsas expectativas mi pensamiento, un pensamiento aturdido, confundido tratando de organizar el desorden que provocaban tales sensaciones y unirlas sin entender, si era la suerte, ese azar encomendado por nadie, quien podía explicar el sinsentido de todo esto.

Descubrí que no quería vivir dependiendo del tiempo, que las ilusiones habían destrozado poco a poco la frialdad de mis pensamientos, que la suerte nunca había querido jugar limpio ni a mi lado... descubrí que el destino siempre había sonreído macabramente frente a mí, frente al espejo sin dejar de mirar con esos ojos directo a mis ojos, para perderlos en la verguenza de los párpados.

No andaba ganas de conocerte ni de verte... Tus ojos podrían ser rojos, pero si decimos que son verdes, queda mucho mejor...



Rutinas



Tenía mucho que tender.. la ropa estaba limpia y húmeda, lista para recibir el sol del medio día y secarse.. después sólo quedaba esperar, bajarla, doblarla con cuidado o plancharla con esmero.. para volverla a usar, ensuciarla y repetir el proceso.. Se sentó en el escalón que la llevaba al patio, justo junto a la cesta de ropa y pensó en las rutinas.. en lo ridículo que era lavar para volver a ensuciar, siempre quedaba polvo.. siempre quedaban huellas, siempre..

Miró a su costado y vio la escoba.. el mismo proceso la esperaba dentro de la casa.. su cabeza latió con fuerza, se frotó las sienes y dejó salir un suspiro profundo.. cansado..

Avanzó hasta en medio del patio y se tendió al sol… tal vez así podría secarse lentamente… tal vez alguien la plancharía o doblaría cuidadosamente.. la usaría orgulloso ante la gente…

Sólo para volverla a ensuciar…

alexa;)


Silencio


Cuando la encontró, no era más que un guiñapo, tenía las manos atadas con sueños rotos, en los ojos le habitaba un mar de caos, su cabello era una sombra negra que decendía casi hasta su cintura.
Se le habían fugado las ilusiones, como cuando arrojas una piedra a una parvada de gaviotas... se habían ido lejos, nadie podría precisar para donde...
Buscó un su bolsillo un copo de nieve que había guardado hace mucho tiempo, pero no había nada... buscó entonces una estrella que llevaba cosida al reverso de la solapa del saco, pero las estrellas, si las guardas en un lugar oscuro, se marchitan.
No supo entonces cómo acercarse, sentía miedo... y un cosquilleo en la barbilla... no sabía qué decirle, las palabras nunca le favorecieron... y su sonrisa... su sonrisa era un remedo.. una mueca rara y torcida, lo mejor, se dijo, es no usarla.
Caminó lento, miraba todo con atención, como buscando un diente león flotando en el aire, pero tampoco lo hubo.
Giró sobre sus pasos, tratando de deshacer el breve recorrido hacia ella, no tenía nada en las manos y esto, no era una buena señal, caminó más lento, así suelen ser las rutas de salida... agónicas... quedas... eternas. No sabía hacia dónde iría con su silencio, tal vez a la esquina próxima, tal vez al fondo del adiós...
Fue entonces cuando ella levantó su rostro y vio una sombra que se alejaba, que se perdía, y no dijo nada, no habló, no arrojó un vaso al suelo... tan sólo se quedó ahí y en ese instante descubrió cómo nace el silencio...

Idea

Encontrarse en ese momento sublime en el cual, desde un lugar que no se sabe dónde, ni tampoco sabremos nunca de quién, una idea nace desde el sufrimiento, desde el pensamiento, desde la sensación, desde la desesperación, desde la idea misma que se da forma y lugar para ser y llamarse definitivamente idea... lo que no quiere decir que sea una buena idea o una mala idea. Simplemente, una idea.

Así nos encontramos, entre ese no saber mucho de los argumentos de la idea, pero unidos por ella.

Y buscamos las posibilidades y dimos vuelta la idea buscándole ese sentido que pocas veces se le puede encontrar a una idea... Pero el intento era casi enfermizo, necesario y absolutamente absurdo. Sin embargo eso no nos detuvo, al contrario, fue el impulso desatinado por continuar caminando sin saber muy bien cuál era el fin, cuál era ese lugar en el cual desembocaríamos tras recorrer el camino desconocido que nos presentaba aquella idea, misteriosa sensación de adrenalina, que nos lleva y nos lleva sin medir consecuencias, sin reparar en daños en unos ni en otros ni en terceros. Una idea.

Y fue así que nos dejamos ir, nos dejamos morir y vivir por una simple idea que no obtenía adjetivo alguno que le quedara bien.

Nos perdimos en la idea, en una idea nueva recién nacida y nos embobamos sin saber bien el porqué, pero en algún momento nos perdimos y nos confundimos en la idea, ya no nos diferenciábamos, no sabíamos si eramos parte de la idea o la idea nos había consumido y se había apoderado de nosotros. Vos, él, ella, yo... ¿Eramos cada uno o todos formábamos una idea? O eran muchas ideas individuales buscando un punto en común para volverse más fuerte y así dominar los sentidos que algunos, creemos que tenemos.

Y fue entonces cuando nos dimos cuenta y llegamos a ese otro momento sublime en el cual podemos ver la idea desde arriba, razonar la idea y sabernos que estamos fuera de control, que no controlamos los movimientos ni los pensamientos, todo está controlado por esa maldita idea que nació de no sé donde, de no sé quién. Maldita idea.

Y así nos despedimos, así nos desencontramos... sin saber mucho de los argumentos de la idea... pero unidos a ella.