Descubrir

Descubrí en un instante que es cierto que las nubes van cambiando, van creciendo, van muriendo, se están moviendo y se van transformando. Cambian.

Descubrí también que yo voy cambiando al mismo tiempo. Que la vida va cambiando a cada milésima de segundo de ese tiempo inventado por los hombres. Tiempo es más que una simple palabra traducida en letras que dan ese sonido y ese eco, que nos hace pensar en momentos, segundos, minutos, instantes, horas... Tiempo.

La vida, me di cuenta, está regida por tiempo. Por ese mismo tiempo que no existe más que para darnos cuenta que lo estamos perdiendo, esperando... y entender al fin, que ya pasó.

No andaba con ganas de verte. Cosas del tiempo. No era el tiempo en el cual quería saberte. Sin embargo el tiempo decidió por mí y te puso enfrente. Yo no quería tus ojos. No quería tu voz. Pero el tiempo tenía otros planes para mi. Y descubrí que el tiempo, sin las mismas letras, podía definirse como destino. El destino no es para mí, me dije. Ese tiempo ya manejado y manipulado por los intereses ya concretos de algo que todavía no pasa pero que debería pasar no es la solución a mi vida, puesto que si existiera el destino entonces estaría tirado esperando que las cosas pasaran y no descubriría nada, sino que acompañaría al destino sin sorpresas ni emociones. No existe relación entre el tiempo y el destino. Dos cosas, dos palabras y su significado, creado por el hombre.

Descubrí que no hay nada peor, que las ilusiones. Las ilusiones vendrían siendo esas pesadillas que nos despiertan siempre empapados en sudor frío. La ilusión, otra palabra creada por el hombre, como todo lo que existe, como cada letra que forma cada oración que dicta esta mente sin consuelo ni descanso.Y me muero por saber el porqué de cada letra, de cada nombre, de cada palabra.

¿Qué relación tienen, tiempo, destino, ilusión, suerte?

Cuál es el tiempo del destino, cuál es la ilusión de la suerte, cuál es la suerte del destino y cuál es la ilusión del tiempo.

No tenía ganas de conocerte. El destino decidió lo contrario. Y lo que es peor, las ilusiones se apoderaron de ese capricho del destino y todo se volvió una pesadilla. ¿Cómo distingo la suerte? Qué puedo hacer si no coincide ni el tiempo ni el destino ni la suerte ni la ilusión... No tenía ganas de conocerte. El destino decidió lo contario. El tiempo se impuso arrebatando mi razonamiento. La ilusión colmó de falsas expectativas mi pensamiento, un pensamiento aturdido, confundido tratando de organizar el desorden que provocaban tales sensaciones y unirlas sin entender, si era la suerte, ese azar encomendado por nadie, quien podía explicar el sinsentido de todo esto.

Descubrí que no quería vivir dependiendo del tiempo, que las ilusiones habían destrozado poco a poco la frialdad de mis pensamientos, que la suerte nunca había querido jugar limpio ni a mi lado... descubrí que el destino siempre había sonreído macabramente frente a mí, frente al espejo sin dejar de mirar con esos ojos directo a mis ojos, para perderlos en la verguenza de los párpados.

No andaba ganas de conocerte ni de verte... Tus ojos podrían ser rojos, pero si decimos que son verdes, queda mucho mejor...



1 comentarios:

Mile dijo...

Ese descubrirse en un instante imperceptible, ¿será que alguna vez abandonaremos esa carrera contra el tiempo, que no hace más que hundirnos en desesperación?
Gastón, sencillamente has dado en el centro de la diana. ¿culpa de ese imposible llamado "destino"?
¿Existe el destino? ¿Estamos hechos con carta de navegación inmutable? De ser así, deberíamos acostarnos con la espalda en el suelo y mirar cómo las nubes pierden su forma... y nada más...

Maravilloso... realmente no le falta ni le sobra nada...

Besos heideggerianos

Mile

P.S.

¿Volveremos a escribir poesía, o seremos de hoy en más "prosaicos"..?
¡Qué cosas las del destino!