Angustias de un pensamiento aciago


Mustia, la noche se extiende como un manto de mano frías. Pasos sigilosos te alejan de nuevo... otra vez, cada vez más lejos del sueño que plantaste en tu patio trasero.

¿Qué es malo el camino? ¿Qué no está bien presentirse en ruinas? ¿Qué la vida arremete con furia de mar retenido? ¿Qué no sabes qué puerta da a la salida?

Mustias, las estrellas se mantienen firmes en su lejanía, con su mirada de viajero cansado. No basta el silencio, no basta el llanto bajo las sábanas... no te contiene tu piel... te amarra, te sujeta, te asfixia.

Otra puerta equivocada. Otro camino tocando su fin.

Años que se van al girar de la llave, cambios de cielos.. colores que se esfuman...

Un desierto de voces que te aterran. Enfrentar. El infortunio de no tener otra opción...

Mustia, la vida se escapa entre carcajadas dolidas, agitando brazo contra cielo, maldiciendo los pasos, los caminos de puertas cerradas. Juntas las piezas y no calzan los rostros.

¿Quién es esa sombra en el espejo? ¿De quién es aquella mueca entre manos rotas? ¿Quién murió tras la cortina de humo?

Tiempo... tiempo que se pega en los dedos, que se arrincona en tu cama, que es parásito de tu sonrisa?

Nos dejamos la ira dormida alguna vez, y fuimos esto que ahora maldecimos a falta de otra alternativa. Nos dejamos la vida apagada en un altar y nos devoramos las ganas de saltar por la ventana.

Mustia, mi alma se desprende de mi aliento tan sólo para dejarme el sabor de un nuevo fracaso atrapado entre los párpados. Si se apurara la mañana en desvestir esta tristeza que ahora me ciega de ganas...

Si viniera el viento y me trajera de nuevo todo aquello que se llevó...

1 comentarios:

Federico Coniglione dijo...

Oh!

Oh!

Oh!

Lo admiro mientras lo miro!